En lo alto del Moncayo soriano, a más de 1.300 metros de altitud, se encuentra Beratón, un pequeño pueblo con apenas ocho vecinos en invierno. Es el municipio más alto de la provincia de Soria y, como muchos otros en la España vaciada, lucha cada día por no desaparecer.
Pero Beratón no quiere rendirse al silencio. Su alcaldesa, Carmen Lapeña, ha lanzado una propuesta valiente: ofrecer una vivienda recién rehabilitada a quien quiera hacerse cargo de su bar municipal. No se trata solo de gestionar un negocio.
Y es que, en pueblos como este, el bar es mucho más: ese lugar en el que los vecinos se encuentran, se escuchan y se sienten en comunidad.
Una vivienda como aliciente para repoblar
El Ayuntamiento de Beratón ofrece dicha casa municipal como incentivo adicional a quien gestione el bar. «Sin viviendas es imposible atraer nuevos vecinos», explica Lapeña.
Actualmente, el pueblo solo dispone de dos viviendas de titularidad pública: una ya alquilada y otra reservada para la persona o familia que reabra el bar.
El bar, un refugio contra la soledad
El establecimiento, que funcionó hasta hace pocos meses, está totalmente equipado y cuenta con un comedor para 40 personas. Además de los ocho vecinos que pasan aquí el invierno, Beratón recibe cada verano a senderistas, ciclistas y amantes de la montaña que recorren la comarca del Moncayo, atraídos por sus paisajes y su cercanía a Zaragoza.
Para quienes viven aquí todo el año, el bar no es solo un lugar de consumo, sino un sitio de encuentro. Por eso cuando cierra es como si se apagara parte de la vida del pueblo, algo que no quieren los vecinos de Beratón.
Una parada para viajeros y excursionistas
El pueblo de Beratón cuenta también con un albergue municipal, ubicado en la antigua ermita de San Roque, que acoge grupos de excursionistas durante buena parte del año.
Sin embargo, la alcaldesa insiste en que la vivienda sigue siendo la clave para fijar población y revitalizar la vida rural de forma estable.
Por esoreclaman a las administraciones más flexibilidad, apoyo real para los pequeños pueblos, que no se pida lo mismo a todos los territorios, grandes o pequeños, y medidas específicas para frenar la despoblación.
Así, la propuesta de Beratón es un recordatorio de que la vivienda y los servicios básicos son esenciales para la revitalización rural.


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