Con una media de 96,2 habitantes por kilómetro cuadrado, España es uno de los países menos poblados de la Unión Europea, que cuenta con una densidad promedio de 109,3 personas por kilómetro cuadrado, según datos de Eurostat. Y aunque se encuentra por encima de las densidades más bajas del continente, como las de Suecia, Finlandia o Islandia –con veintiséis, dieciocho y cuatro habitantes por kilómetro cuadrado respectivamente-, también se encuentra lejos de países como Italia, Alemania, Bélgica u Holanda, que superan los doscientos.
Este fenómeno, observan el catedrático de Economía Aplicada, Eduardo Bandrés, y la profesora de Economía de la Universidad de Zaragoza, Vanessa Azón, hunde sus raíces en las dinámicas históricas de nuestro país, que ya en 1700 disponía de una población inferior a la de los otros países europeos. Sin embargo, la despoblación sufrida en buena parte de su territorio ha acentuado esta tendencia.
Nuestro país, por otro lado, presenta grandes diferencias entre regiones. El 83,5 % de sus municipios tienen menos de 500 habitantes y en el 48,4 % viven menos de 12,5 personas por kilómetro cuadrado según el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfica (MITECO), un umbral por debajo del cual la Unión Europea considera que existe riesgo de despoblación.
Numerosas localidades, como las ubicadas en la conocida como ‘Laponia española’ –en la Serranía Celtibérica entre las provincias de Burgos, La Rioja, Segovia, Soria, Guadalajara, Zaragoza, Teruel y Cuenca- incluso bajan de los ocho habitantes por kilómetro cuadrado, unas cifras probablemente sólo comparables con las de los países escandinavos, pero sin disponer de una geografía ni de unas condiciones climáticas tan extremas como en éstos.
Al mismo tiempo, España es el segundo país con más densidad de población en sus áreas habitadas: en grandes ciudades como Madrid o Valencia se superan con creces los 5.000 habitantes por kilómetro cuadrado, mientras en Barcelona esta cifra casi llega a 17.000 personas por kilómetro cuadrado.
Búsqueda y recuperación de la vida perdida
Más allá de estos números, podemos afirmar que las principales tendencias de los últimos 75 años y sus resultados continúan vigentes en España a día de hoy. Una mayoría de los municipios del interior del país han perdido población desde 2014, según datos del MITECO. Éstos, además, tienen un porcentaje mayor de población por encima de los 65 años, sus rentas continúan siendo inferiores a las de las grandes ciudades y sus alrededores, tienen menos farmacias y menos centros educativos.
A medida que la despoblación persiste e incluso avanza, la pérdida de nuevos miembros hace desaparecer, a su vez, más servicios educativos y de salud en las comunidades rurales, lo que retroalimenta la despoblación. Ésta, además, se une a la pérdida de conectividad a medida que desaparecen las líneas de tren con parada en muchos municipios medianos del interior del país.
Sin embargo, la ‘España vaciada’ ha cobrado también un nuevo protagonismo en los últimos años. Junto con los nuevos flujos de migración urbano-rural, numerosos pueblos han empezado a desarrollar distintas iniciativas para combatir este fenómeno y recuperar parte de la vida perdida en las décadas pasadas.
